💦💦💦 Durante los meses de verano algunas de nuestras playas se transforman, y se refuerzan con chiringuitos que conviven con los bañistas en plena arena. 💦💦💦

Estos lugares cuentan con la ayuda de la brisa del mar y, en algunos casos, con la magia producida por los colores que algunas aguas nos obsequian, como es el caso de la playa de Moncofar.

🥘🥘🥘 El otro día estuvimos en este chiringuito que tiene un tamaño medio y está bien organizado.

Por las noches amplía su tamaño con un aliciente más, cenar en una mesa sobre la arena y a la luz de la luna. Nos decidimos por una ensalada de marisco que no estaba mal, porque tenía ensaladas variadas, que es un detalle importante, langostinos, tomate, maíz y palitos de surimi. Esto es lo que a tanta gente gusta, pero que aportó poco a una buena ensalada.

Pero a veces los clientes mandan. Yo no lo utilizo nunca. No estaría de más poder elegir entre una vinagreta y la anticuada salsa rosa. Nosotros nos decantaríamos claramente por la primera y la ensalada ganaría. Pero siempre hay gustos para todo y la variedad es buena. (8,50 €).

Las tollinas, muy buenas, sin arena. Nos las sirvieron con un aceite aromatizado con hierbas, que no estaban mal, pero solas, si son buenas como estas, también están bien. (8,90 €)

Para terminar las entradas nos decantamos por  un pulpo con parmentier y pimentón, ya que la parmentier es un puré de patata con leche y queso que data de mediados del siglo XIX y debe su nombre al apellido del francés que lo inventó. El pulpo, muy bien, buena cocción, muy sabroso y buen punto de sal. Salió una pata un poco más dura, pero en general, muy bien el plato (14 €).

Terminamos nuestra comida con un arroz del señoret de pescado. Muy buena presentación, pero es mejor que el arroz esté bien aunque no tenga una excelente presentación. A los que nos gusta el arroz nos gusta que se adapte al paladar, no a la vista. Además hay que tener cuidado con lo que se decora, porque poner un sucedáneo de calamar insípido no es lo más aconsejable. El gambón estaba en su punto, muy poco cocido, solo por al calor del final de la elaboración, los carabineros pequeños o similar tenían exceso de cocción.  Aunque se sofrían en el arroz para portar su sabor, luego hay que tener cuidado y dejarlos encima en el momento adecuado. El punto de arroz no estaba mal, le faltaba rematar el final y dejarlo algo más seco, buen punto de sal, pero pescado y marisco muy secos, y le faltaba sabor. El precio (12,90 €) debería ajustarse o mejorar el arroz.

Por lo demás, buen servicio, la cerveza fría, las vistas, como había dicho, increíbles, con esos cambios de colores en el mar que me recuerdan al océano Índico y una brisa que no tiene precio. Creo que este chiringuito merece una visita. Nos quedamos con las ganas de probar las patatas bravas, ya que hay pocos sitios en Castellón que las hagan de verdad, con salsa de tomate. La gente las confunde con las patatas con ajoaceite, y no es así.