El otro día comimos otra vez en el Restaurante Aqua que pertenece al Hotel Luz de Castellón y como siempre que vamos, que son veces, no salimos defraudados. Seguimos pensando que estaría mejor tener el restaurante separado de la recepción del Hotel y que se separara del concepto banquete, aunque se compartan ciertas cosas y sobre todo la base y filosofía tanto de Pedro como de Julian, ya que cocina sin sala es como una silla a la que le falta una pata. Lo que quiero decir es que es lógico que hagan banquetes, es lo que más dinero deja y sin dinero no hay Aqua. Pero hay cosas que se podrían cuidar más en el restaurante, sobre todo si quieren más prestigio. Yo no se si los dueños tienen claro lo que tienen entre manos, supongo que si, pero yo les digo que si hay alguien en Castellón que puede o yo diría, debe ganar otra estrella Michelin, ese es Pedro Salas. Pedro cuenta con un buen equipo de cocina y con uno de los mejores de Castellón en en la sala, Julián. Es el cocinero más creativo de Castellón, y se equivoca, pero nos gusta porque lo hace más terrenal. Es un cocinero que juega con nuestros productos y las técnicas, que sorprende con lo que menos uno se lo espera, como hizo con el Japoñol o con la cocina de las visceras (viaje al interior) o con tantas cosas. Pedro necesita tener un restaurante con los detalles que hacen que las estrellas lleguen, y es posible, que a pesar de todo le llegue pronto una y sino sería una injusticia. Hemos pasado por algunas mesas españolas estrelladas y no tienen nada que enviar, más bien yo día que al revés. Un poco más de decoración, aunque sea sencilla y elegante, en vez de tanta sobriedad, un buen pan en la mesa es un buen compañero, un buen final es un buen recuerdo y eso se suele encontrar en un buen café, ampliar algo más la carta de vinos y abrir puerta por la calle cerrando el paso por recepción. Pero esto es solo una opinión, podemos estar equivocados. De lo que no estamos equivocados es de lo bien que comimos el otro día, una tempera de langostinos con verduras, sencilla y crujiente,  un sashimi de bonito con aguacate, lemonkwat y salsa de miso y yuzu, ahí están sus toques japoneses, brillante, sutil, sabroso, un arroz con bacalao empedrao con panceta y alioli de chipotle (un guiño a Sudamérica que también los tiene), es su punto con el arroz al dente y pleno de sabor y una mollejas soberbias crujientes y tiernas a la vez con un acompañamiento, quizás excesivo de castañas, pero que seguro se pueden suavizar , porque el concepto es válido y las mollejas se salen solas. Acabamos con un helado de crisantemo, calabaza, mosconeado y limón y un mil hojas crujiente de chocolate que también se salía. Bueno, a ver si nos oye el firmamento y pronto luce una nueva estrella en Castellón, Pedro y su equipo se lo merecen.

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