La mejor época para comer alcachofas entre finales e octubre y finales febrero o principios de marzo, que es cuando están más compactas, tiernas y menos amargas. En Castellón tenemos en la Alcachofa de Benicarló la primera y, de momento única, Denominación de Origen. Cuando empieza el calor las alcachofas presentan hojas menos compactas y más abiertas con un amargor más pronunciado y más pelos en el interior. La alcachofa es rica en agua, hidratos de carbono, vitamina B y gran cantidad de potasio importante para el sistema nervioso y para la actividad muscular.

Cuando se compran alcachofas es imprescindible que las hojas estén compactas, que no estén abiertas, prietas y que crujan al apretarlas. Si las alcachofas están blandas y las hojas abiertas es que no son frescas. El tallo, que forma parte de la alcachofa, es bueno para prolongar su conservación y si se pela y se deja la parte blanca central es también comestible. Su conservación se hace en lugares frescos y en la nevera se puede hacer dentro de una bolsa de plástico cerrada.

Para apreciar mejor su textura y su sabor, una de las mejores maneras de cocinarlas es al vapor, eliminando previamente parte de las hojas exteriores y cortadas en cuartos o trozos más pequeños. Para que no se oxide una vez cortada y hasta su uso en la cocina, se pueden depositar en un recipiente con agua y unas gotas de limón. Para freírlas rebozadas es mejor cocerlas previamente un poco o, mejor aún, hacerlo al vapor.