C/ Temprado, 19. Castellón. Tel.: 964 235775

En la foto destacada aparece el equipo de L’Amanida en el comedor y por este orden: Alba, la dueña; Carmen Ignat, la ayudante de cocina; Kenia, quien está con Alba en la sala y Javier Centella, el cocinero.

La manida es un restaurante para vegetarianos y veganos, pero también tienen muchos clientes a quienes, de vez en cuando, les apetece comer ligeros y sin grasas y dar un descanso a su estómago. Su cocina, basada en el mundo de las verduras, tiene también algunos recuerdos a la carne a través de ese producto tan camaleónico como es la soja, que imita tan bien la carne en algunas de sus formas, como la soja texturizada, tofu ahumado o las salchichas. Para los que no pueden dejar de sentir la sensación de la carne, pero sin comerla, es una opción muy buena. Tienen un menú diario por 12 € que incluye postre dulce, también tratado con mucha naturalidad y preocupándose por la salud, con harinas integrales y azúcar moreno.

Nosotros probamos unas lentejas verdes con acelgas, caseras, naturales, sencillas y muy ricas y una brocheta de verduras con Mücver, buñuelos turcos horneados de calabacín, puerros y queso feta.

 

De segundo, filetes de seitán, un preparado hecho a base de gluten de trigo que simula algo el mundo de las carnes, con salteados de pimientos y judías verdes con brandada de coliflor, que es lo que le da un punto más de sabor, y un excelente Bourgignon de setas y Tempeh con arroz jazmín que nos encantó por su potente sabor, su toque de hierbas aromáticas y la magnífica textura de las setas.

Tengo que decir que este plato ha sido el mejor y nos va a dejar un recurso para mucho tiempo.

 

Dos postres dulces y un café dieron el punto final a nuestra comida, ligera y sana, pero que nos dejó de maravilla, en punto perfecto. Una tarta de bizcocho de naranja con pasas y nueces y un crep de plátano con chocolate.

Disfrutamos y recordamos viejos tiempos, y dimos valor a la imaginación cuando nuestros límites en la cocina son evidentes y los sustituimos por el ingenio.

El baño, como todo el local, respira un toque de aire libre.