Callejón de la cárcel, 4. Morella. Tel.: 964 160071

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Cada vez que nos acercamos a este restaurante salimos con la barriga llena porque sus menús son muy generosos, con la alegría en la cara de habernos sentido muy bien con los nuevos platos con los que siempre disfrutamos, y con la mente tranquila porque todo sigue en su sitio y su sitio está en el firmamento de las estrellas, que seguro algún día alcanzará. Como ya es sabido, en Castellón ya tenemos dos merecidas estrellas Michelín, pero creo que nos merecemos alguna más, y esta es una de ellas, y sino, al tiempo.

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El local no es muy grande, pero es coqueto, manejable y con la opción de comer en el callejón con calefacción, y hasta tienen el detalle de tener una manta morellana por si las moscas. Tiene una amplia bodega con unas 70 referencias de 18 denominaciones de origen, entre ellos, vinos de la IGP de Castellón, que por supuesto elegimos para nuestra comida. De entrada, probamos un poco de aceite Sentiments, un maravilloso aceite de oliva virgen extra de Vila-real que hace nuestro buen amigo Miguel Abad.

En la cocina, Avelino es el director de orquesta, pero no se conforma con eso y, cuando todo está preparado y la faena lo requiere, sale a vender a la sala junto a Jovita, su mujer, que es una delicia de persona, es dicharachera y se mueve entre mesas, platos y clientes con mucha soltura, y siempre con una sonrisa en la cara. La hija de ambos ayuda los fines de semana y aunque es joven tiene buenos maestros y apunta maneras, sin embargo, su futuro parece que va por otros cauces más periodísticos.

El largo menú lo empezamos con una coca de cristal de sardinas y piñones, crujiente, crujiente, y de suaves sabores.

Seguimos con unos bombones de queso de cabra recubiertos por una capa de higo, muy refrescante y potente con un sutil toque de higo, pero donde el queso manda. El corte de foie con pistachos y su compota es una delicia, y mucho, para ser un entrante, más bien parecía un plato principal. Pero nadie se deja algo tan bueno al principio de un menú.

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Acabamos los entrantes con un Roast Beef con trufa, sutil, y con ese toque de un producto como la trufa muy de la tierra y que no estaba mal, a pesar de que lo mejor de la trufa está por llegar.

Los platos empezaron con un ligero escabeche de lomos de conejos con un punto más alto de escabechado en las verduras, la llenega y la pebrá.

Seguimos con un atún marinado con remolacha, cítricos con queso y crujiente de tinta, suave, dejando que el atún siga presente. El huevo de masía, patata, hígado y trufa es siempre jugar sobre seguro con estos sabores, si todo es de calidad y aquí lo es. Muy bueno, una maravilla de explosiones en la boca.

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La morcilla de sepia con habitas y ajetes ha sido magnífica, ayudada por la tinta, da una sensación de otra cosa, y el boca es puro mar, ayudado por ese toque de unas buenas habas ligeramente amargas y con ese sabor tan personal para quienes somos unos enamorados de este vegetal y de la sepia.

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Seguimos con otra combinación que nos encanta y que tampoco nos ha decepcionado, un arroz meloso de boletus edulis y un poco de trufa, simplemente delicioso, sabroso y al dente. Con esto terminamos con lo salado y pasamos a lo dulce.

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Dos platos, uno dedicado al vino y el otro al chocolate. El primer postre lo llaman la vendimia y consta de mostillo, uvas y vino de uva garnacha; y el segundo, los chocolates y el otoño, con chocolates en distintas formas y frutos secos. Lo regamos todo con un vino de Castellón, un Odisea, y terminamos con un buen café y unas pastas de la tierra servidas en tres bandejas de madera a modo de cajas. Siempre es un placer volver a este lugar, así que esperamos volver pronto.

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