Ayer comenté lo que pensaba sobre las estrellas Michelin en la Cope con Raúl Pujol. Es posible que no fuera claro del todo o tuviera alguna laguna, pero solo quiero que queda claro porque, a veces, podemos dar la sensación de que decimos otra cosas, cuando no es así, y a mí me pasa o me puede pasar y no quiero que haya equívocos.

Creo que dejé bien claro que las estrellas son buenas, muy buenas, es un referente que tenemos de un tipo de restaurantes de calidad, donde prevalece la buena materia prima, el buen servicio, un buen local, ser creativo en la comida y tener una serie de detalles, nada más y nada menos. Creo que todo eso es importante y define claramente lo que son los grandes restaurantes. Tener una estrella Michelin es un orgullo y una responsabilidad. Nosotros nos sentimos orgullosos de tener una revista, Castellóngastronómica, donde colaboran mas de 60 estrellas Michelin. No os podéis imaginar lo increíble que es tener a todo ese elenco de cocineros en una revista tan modesta como la nuestra.

Hay personas que no lo han llevado bien o no han tenido suerte. Norberto Jorge decidió dejar de trabajar por la segunda estrella en Alicante y tener una arrocería en Madrid para pasárselo bien y ganar también dinero. Es una opción muy válida.

Restaurante Peñalén, Antonino y Emi, su mujer.

Mi amigo Antonio Barcos, del Grupo Peñalén, desde mi punto de vista, debía haber sido estrella Michelin hace muchos años, pero en aquella época, España estaba “castigada” de alguna manera con las estrellas, es decir, costaba mucho tener una estrella solo por ser español, se daban con cuenta gotas. Antonino decidió tomar otro camino, el de la BBC, bodas bautizos y comuniones, y es muy respetable y paga las facturas. Es una opción que muchos toman y hay que respetar, pero lucho durante mucho tiempo por lo más alto, y lo hizo muy bien.

Modesto Fabregat, también amigo, cuando tenía la Arbequina, ahora en el Casino Antiguo y en su local de Alcocebre y su asesoramiento en Escocia, se merecía lo mejor. Modesto tenía el mejor personal de sala de la provincia en aquella época, y su cocina, además de buena, era sutil, respetando el producto al máximo, probablemente pocos lo han hecho como él, a lo mejor no era tan creativo, pero se ha merecido lo mejor y él también se ha cansado y ha cambiado de estrategia y eso hay que respetarlo.

Javier Simón y su mujer en el Restaurante Martín el Humano, además de amigo, creo que es otro de los grandes chefs de Castellón, y tendrá premios, porque se lo merece, pero no enfoca su restaurante hacia la estrellas, él tiene una gran empresa con dos hoteles y realiza eventos y banquetes que cuestan mucho mantener. Es importante tener el restaurante lleno y pagar facturas. Eso implica seguir haciendo las cosas bien, porque cuando un cocinero es bueno, eso sigue siempre ahí y Javier lo es, pero ha enfocado su local de otra manera, tan digna como la otra, y hay que respetarlo y la prueba está en que no para de trabajar.

El otro ejemplo que conozco de buena mano es otro amigo, Pedro Salas, del Restaurante Aqua del Hotel Luz, lleva Mi Shushi, y el restaurante Playa Chica en Benicàssim junto al Grupo Guindilla, uno de los mejores cocineros que he conocido. En todos los sitios lo hace genial, porque él es así. Creo que es el cocinero que más arriesga, mezcla y hace platos muy especiales y con mucha calidad, pero creo que él ha enfocado su vida más en el negocio que centrarse en un local para conseguir la estrella. Yo estoy seguro de que todos de los que estoy hablando en esta página, si quisieran, la podrían conseguir, porque tienen cualidades para ello.

Otro caso es el de Avelino Ramón en el Restaurante Daluan de Morella, él se dedica solo a centrarse en su local, y creo que tiene más posibilidades de conseguirla porque también es muy bueno, hace muy bien las cosas y en la sala tiene el respaldo de su mujer —que es una buena relaciones públicas— y los fines de semana el de su hija. Por eso creo que Avelino tiene más posibilidades, porque su enfoque está más dirigido a ese tipo de recompensas, las busque o no. Lo que está claro es que tanto Miguel Barrera como Raúl Resino, son un orgullo para Castellón, por las estrellas, por seguir al pie del cañón, por seguir manteniéndolas, porque son dos grandes cocineros y buena gente, como lo son todos los que conozco bien y de los que he hablado en este artículo y otros que me he dejado en el tintero.

Las estrellas han hecho y seguirán haciendo mucho bien a nuestra provincia, es muy duro y cuesta un gran esfuerzo, pero los otros cocineros que no las tienen, de otra manera, también lo hacen y todo es respetable, aunque nos encantaría que todos ellos y algunos más pudieran obtenerlas alguna vez. Todos juntos forman una provincia con identidad gastronómica propia, junto a los estrellas que relucen en nuestro firmamento culinario.

Gracias a todos por habernos dado grandes momentos culinarios. Es un placer conoceros y conocer nuestra cocina.