Había tenido la suerte de pasar una semana de mi vida y, durante un par de años, dirigiendo sendos cursos de gastronomía durante dos veranos. En aquel momento no me dio tiempo a descubrir la isla, pero sí a tener ganas de hacerlo.

Este año se me ha dado esa oportunidad y no la he querido perder. Tengo que decir que ha merecido la pena la espera y hemos disfrutado mucho de nuestros cinco días en este pequeño paraíso de nuestra querida España.

Nos decidimos por esta isla porque teníamos muchas ganas y porque la oferta era buena. Pasamos cinco días maravillosos en el hotel Sagitario Playa, avd. de la Playa 4, Cala blanca 4. Tel.: 971 382877. Un hotel sencillo, pero con todo lo necesario, y, sobre todo, muy familiar.

El hotel cuenta con una amplia piscina dividida en dos espacios. Spa de libre acceso con un horario muy amplio y sin pago adicional, con sauna, baño turco, duchas de chorros, jacuzzi y piscina con chorros que por supuesto usamos. Un pequeño gimnasio, suficiente para nosotros, aunque a las bicicletas estáticas les hace falta un repaso importante.

El hotel está a dos pasos de Cala Blanca, una playa más que suficiente para disfrutar del mar.

A la misma distancia, más o menos de Clot de sa Cera, un pequeño y acogedor rincón con una pequeña cueva a la que se puede acceder mediante unas escaleras y que se puede ver en las imágenes que acompañamos.

Al lado había un puesto de vigilancia antiguo.

Los desayunos del hotel, muy buenos. Su Bufet es grande, casero, variado y consta, entre otras cosas, de fruta, cereales, panes de distintos tipos, dulces variados, embutidos, huevos y tortillas que te hacen al momento, verduras y embutidos calientes y un excelente queso de Mahón de leche cruda que nos llevamos a casa, regalo deferencia del hotel, y cuyas instalaciones de elaboración visitamos.

El dueño del hotel, Sebastián Sayas, que es muy cercano y todo un encanto, nos invitó a ver las instalaciones de la quesería, las cuales también enseñamos aquí. En ella vimos que el hotel, en muchos casos, tiene el círculo cerrado, ya que las carnes y muchas verduras, además del queso, las producen ellos y eso siempre es bueno, si las cuidan, y me consta, por lo que vi, que es así.

Otras vistas de la zona de Cala blanca

La isla, en sí mismo, es una maravilla, sobre todo si tienes ocasión de alquilar un barquito y ver las calas desde esa perspectiva y poder bajar en las que más te gusten. Hay muchas calas, a unas se puede llegar, prácticamente a pie de playa con el coche, pero otras necesitan de un buen tramo caminando para llegar. Desde el barco es mucho más sencillo.

Ciudadela, como casco antiguo, nos gustó más que Mahón, empezando por el pequeño puerto que por la noche se ilumina y resulta interesante. Callejear por el centro hasta el mercado y alrededores es una buena opción para ver el casco antiguo de la ciudad.

Mahón es la capital, y, ligeramente menos poblada que Ciudadela, estamos hablando de algo menos de 30.000 habitantes, y mil más a favor de Ciudadela. Cerca de Mahón se puede visitar un precioso pueblo de pescadores llamado Bibibeca, de casa blancas ibicencas o menorquinas, calles estrechas y muy bien cuidado.

Hay restaurantes, sobre todo, en la pequeña calle principal. Nosotros, como ya habíamos comido, optamos por tomarnos un té en un agradable pub cafetería, llamado B.B. Cocktail Bar, Tel.: 642 072271, que está dentro del pueblo y en un primer piso rodeado por un patio, todo al aire libre, donde ese día tan caluroso, corría algo el aire.

De ahí fuimos a ver la fortificación la Mola, en perfecto estado ya que nunca sufrió ninguna invasión.

De ahí nos acercamos a uno de los faros más hermosos de la isla, el faro de caballería y su entorno.

A la vuelta, en dirección a ciudadela, paramos en una de las muchas zonas con restos prehistóricos de los talayots, La Taula de Trepuco, también muy interesante para una visita gratuita.

Gracias a Sebatián Sayas, propietario del hotel, pudimos visitar la finca Beni Atzen, que poseen en Es Migjorn. Una extensa finca con vacas lecheras, vacas para cerne, cerdos, huertos y muchos otros tipos de árboles. La finca la lleva una familia que seis días a la semana elabora un excelente queso de Mahón de leche cruda, y surte a sus hoteles de carnes, verduras y ese delicioso queso.

  

Saliendo de Cala Blanca hacia Ciudadela nos encontramos con el Centro budista Tibetano Ganden Choeling donde pasamos un rato visitando sus instalaciones, y en el que recibimos la amabilidad de una de sus monjes de nacionalidad china, Tenzing Jamyang. Un lugar acogedor y lleno de paz. Esos días, y debido a la pandemia, se encuentra con las actividades bajo mínimos, como muchos lugares.

Durante nuestra estancia en Cala Blanca visitamos un par de locales donde, de una manera o de otra, disfrutamos con las comidas. Cas Safrá es un pequeño Gastrobar situado en el Passatge Baladre, 3. Tel.: 971 157463. Su cocina se preocupa por dar a sus clientes algo diferente, con toques modernos, pero dentro de la sencillez con cierta preocupación en presentar bien los platos y el uso de buen producto. El menú con todo incluido nos costó unos 21 € por persona.

También muy cerca de nuestro hotel, un poco antes de llegar, descubrimos el Grill Es Caliu, en la carretera Cala Blanca. Tel.: 971 380165. Allí hicimos nuestra primera y nuestra última comida. Nos encantó la carne, no en vano el entrecot era Angus de Nebrasca, pura mantequilla en la boca, tierno y sabroso, una maravilla que repetimos en ambas comidas. El entreacto lo pedimos los dos días,  pero cambiamos un buen pollo a la brasa del primer dia  por un excelente cochinillo al horno. Lo regamos con vinos de Menorca como el Binitord negre. Una ensalada y algo de fruta como postre para un comensal y un café para el otro completaron un menú sencillo y de calidad por 35-38 € por persona dependiendo de cada uno de los días.

En el Pub Blarney Stone Irish Pub, pegado a los acantilados de la zona, nos lo pasamos muy bien viendo los atardeceres mientras cenábamos  acompañados de una buena y fresca cerveza. El primer día picamos unos nachos con queso y guacamole y unas palomitas de pollo. El segundo día unas buenas hamburguesas, una de mango y la otra menorquina con sobrasada, ambas acompañadas con patatas y zanahorias fritas caseras, y todo bien presentado.  Comida correcta y divertida para disfrutar de unas excelentes puestas de sol. No era fácil encontrar mesa para cenar, mejor reservar. Cada uno salimos por unos 12-15 € por persona, dependió del día. Centro Comercial Cala Blanca. Tel.: 971 481734.

En Cas Safrán conocimos a Fernando, un vasco que vive entre Bilbao y Menorca, y ama a las dos, y le encanta comer bien. Él nos reservó la mejor mesa para cenar en Cas Cónsoil en el centro de Ciudadela con las mejores vistas al puerto. Plaça des Born, 17. Ciudadela. Tel.: 971 484654. Un lugar que no se debe perder. Nosotros nos decidimos por el mundo marino, un carpaccio de rape y gambas, unas navajas a la plancha y un excelente cabracho, donde manda una materia prima de primera. Lo maridamos con un cava Ars y lo terminamos con un coulans invertido. La comida, todo en su punto de textura, cocción y sabor delicioso. Salimos a 45,5 € cada uno.

 

Un lugar que merece mucho la pena.  Seguro que volvemos a las islas, y nos encantaría volver a contactar con Fernando para tener una buena mesa, si es posible, y charlar de gastronomía y de las islas. Seguro que nos descubre otros lugares interesantes.

Un viaje para no olvidar, una Menorca para amar y lugares para repetir y disfrutar de sus vistas, su paz y su gastronomía.